BALNEARIO DE SOLARES. CANTABRIA.

Posted on 13:59 by Francisco Miranda



Acabo de pasar una noche de sensaciones en el Hotel Balneario de Solares y regreso extremadamente sorprendido por lo que me he encontrado. El edificio es de los que impactan a primera vista y por dentro sigue convenciendo, pero lo que más me ha impresionado es la obsesión por la calidad en el servicio y los detalles. Para empezar nos encontramos con un recepcionista eficacísimo y con grandes dotes para las relaciones públicas. Te reciben con una sonrisa y no vas a ver otra cosa hasta que te vayas. El edificio es enorme y sin embargo siempre estás cerca de todo, dada la espléndida distribución de espacios. La decoración es clásica y elegante, sin recargamientos y con una obsesión desmedida por la limpieza que hace que todo brille y reluzca. Hasta los accesos desde el garage a la recepción ostentan el mismo nivel de cuidado.


El hotel es de cuatro estrellas y da un servicio de cinco estrellas gran lujo pero con precios de tres estrellas, así como suena. En toda España hay muy pocos hoteles así y encima tiene un ambiente desenfadado que te hace sentir cómodo desde que cruzas la puerta. Se duerme de maravilla en enormes camas y con una insonorización fabulosa. El espacio abunda y uno no se encuentra como en casa sino mucho mejor.

Las habitaciones son como la de la foto y además tienen un baño antológico en el que cada rincón parece pulido y casi necesitas gafas de sol para no deslumbrarte. En los cuartos de baño te duchas, lavas y bañas con auténtica agua mineral de Solares, que por cierto deja el pelo de lujo y la piel no digamos. La presión en la ducha es excelente y la grifería de Grohe.

Dormir aquí debería ser un lujo inasequible y sin embargo el hotel está al alcance de cualquier mortal a precios muy competitivos.

La noche de sensaciones tiene lugar los primeros viernes de mes y el cupo de clientes admitidos es limitado para disfrutar mejor del espacio Hidrópolis. Durante más de una hora aquello se convierte en un espectáculo de luces, sonidos y sobre todo aromas exóticos que hacen del baño una experiencia sin parangón. Hay que vivirlo para opinar. La temperatura del agua y la ambientación hacen que todo tenga un toque mágico.

La cena en el restaurante es toda una agradabilísima sorpresa. Nada más llegar se descubre que el personal sabe lo que tiene entre manos y es imposible oir un "no" en boca de los camareros, que se mueven con elegancia y agilidad. La cocina debe funcionar muy bien porque los tiempos de espera entre plato y plato son reducidos y en todo momento estamos atendidos con amabilidad y esmero. Particularmente destacable resultó el plato de pescado, que hubiera pedido también como primero y tercero, pero había que saborear un apoteósico solomillo de novilla que estaba sencillamente glorioso. El café del restaurante es de lo mejor que he probado.

En los desayunos el hotel no baja la guardia y ofrece un pan muy destacable; hay productos de la tierra como la quesada pasiega y excelente bollería y repostería, con embutidos de alta calidad y variedad de frutas.

Hacer un hotel así no es tan complicado; lo difícil es hacer que funcione tan bien como éste, con tanta excelencia en el trato al cliente, desde camareras de pisos a personal del restaurante pasando por el botones. Es muy difícil no repetir o no recomendarlo. Lo malo es que después de haber pasado por aquí casi todos los demás sitios parecen peores.

El cliente que no disponga de coche puede venir aquí sin problemas. A dos minutos tiene la estación de autobuses con servicios a todo el norte de España y la estación de tren con frecuentes servicios hacia Santander.

En cuanto a los tratamientos termales, son muy asequibles y existen completos paquetes para todos los gustos.

Por un hotel así hay que pasar al menos una vez en la vida y disfrutar de lo que antaño estaba reservado a unos pocos.

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